Si has invertido en lupas dentales o quirúrgicas, ya sabes lo que aporta el aumento: más detalle, mejor postura y una carrera más larga y saludable.
Lo que casi nadie sabe es que la graduación es un factor clave en el diseño de las lupas. A muchos les resulta un engorro conseguir la receta del optometrista, o les frustra el coste extra de integrarla en sus lupas. Lo que la mayoría no entiende es por qué es un paso tan importante en el proceso de fabricación de las lupas.
En este artículo te explicamos por qué es tan importante.
Dos tipos de corrección, dos funciones distintas
Cuando hablamos de graduación en las lupas, en realidad hablamos de dos correcciones distintas que cumplen funciones diferentes.
La primera es la corrección interna: una lente graduada integrada en la óptica del ocular de la lupa. Si tienes corrección visual, no es opcional. Sin ella, la distancia de trabajo se desplaza. Una graduación negativa sin corregir acerca el punto focal; una positiva lo aleja. En ambos casos acabas compensando con el cuerpo, inclinándote hacia delante o echándote hacia atrás, lo que arruina toda la ventaja ergonómica que se supone que aportan las lupas. Y cuanto mayor es el aumento, peor: las lupas de gran aumento tienen una profundidad de campo más estrecha y dejan menos margen de error.
La segunda es la corrección externa: lentes graduadas en la montura portadora (las lentes transparentes que alojan las lupas). Es muy recomendable más que estrictamente obligatoria, pero importa más de lo que la gente cree. Cuando levantas la vista del trabajo (hacia tu asistente, el monitor, la bandeja de instrumental) necesitas una visión periférica y de media distancia nítida. En algunos casos, las graduaciones muy bajas pueden no necesitar corrección externa, pero es la excepción, no la regla. Sin ella, todo lo que queda fuera del campo aumentado se ve borroso, lo que te ralentiza y genera una fatiga innecesaria.
El precio real de saltárselo
Las lupas son una herramienta de postura tanto como de visión. Los estudios muestran una y otra vez que los trastornos musculoesqueléticos afectan a un porcentaje llamativamente alto de los profesionales dentales, a menudo en el cuello, la espalda y los hombros. Una de las grandes ventajas de las lupas es que imponen una distancia de trabajo correcta y favorecen una postura más erguida. Pero eso solo funciona si la óptica está calibrada para tus ojos. Una graduación sin corregir desajusta la distancia de trabajo y, de repente, te encorvas o estiras el cuello: justo los hábitos que las lupas deberían evitar.
¿Y las lentillas?
Hay profesionales que se ahorran todo este tema llevando lentillas bajo las lupas. Es una opción perfectamente válida y elimina la necesidad de lentes graduadas tanto internas como externas. Eso sí, ten en cuenta que es un compromiso permanente: una vez que tus lupas se fabrican para usarlas con lentillas, no puedes utilizarlas sin llevarlas puestas. La óptica de las lupas, sencillamente, no será la correcta para tu trabajo.
En resumen
Integrar la graduación encarece las lupas, eso es innegable. Pero las lupas son una inversión a largo plazo en tu precisión clínica y en tu salud física. Para que de verdad beneficien a tu postura y a tu rendimiento, la graduación tiene que formar parte de la ecuación.
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